06/02/26.-
Una reciente acción de control de la Contraloría General de la República a los servicios de emergencia de cinco hospitales de Lima Metropolitana y el Callao puso en evidencia deficiencias estructurales que comprometen seriamente la atención de pacientes en estado crítico. El operativo reveló desabastecimiento de medicamentos, carencia de equipos biomédicos esenciales y prolongadas estancias en salas de observación, problemas que, hasta el 5 de febrero de 2026, no han sido subsanados.
Los establecimientos evaluados fueron los hospitales Edgardo Rebagliati Martins, Suárez Angamos, Carlos Alcántara Butterfield, Alberto Sabogal Sologuren y Luis Negreiros Vega, todos pertenecientes a la red de EsSalud. El informe advierte la falta de 54 equipos biomédicos exigidos por la normativa vigente, con mayor incidencia en los hospitales Sabogal Sologuren, Rebagliati Martins y Suárez Angamos.
Entre los equipos ausentes figuran hemoglobinómetros, monitores de presión intracraneal y bombas de infusión, indispensables para la atención oportuna de emergencias graves. Asimismo, cuatro de los cinco hospitales presentan desabastecimiento de medicamentos y dispositivos médicos, pese a que la normativa exige un stock mínimo para cubrir más de dos meses de demanda. Solo en el Rebagliati se detectaron más de 200 productos con niveles insuficientes.
El control también evidenció que seis de cada diez pacientes permanecen en salas de observación por más de 12 horas, superando ampliamente los tiempos máximos establecidos. A ello se suma la falta de especialistas en turnos clave, como traumatólogos y cardiólogos, en algunos hospitales.
Los hallazgos reflejan una crisis persistente en los servicios de emergencia de EsSalud, marcada por deficiencias logísticas, falta de planificación y una respuesta institucional insuficiente. La demora en corregir observaciones reiteradas por la Contraloría no solo vulnera la normativa sanitaria, sino que expone a los pacientes a riesgos evitables. La situación exige decisiones urgentes y sostenidas que prioricen la vida y la atención digna, más allá de informes y advertencias que, hasta ahora, no se traducen en soluciones concretas.