27 OCTUBRE 2025.- Bajo el resplandor de los espectáculos musicales en Lima Norte operaba una sofisticada red de lavado de dinero. Adam Lucano Cotrina, alias «El Jorobado», dirigía una estructura criminal que utilizaba la industria del entretenimiento para blanquear fondos provenientes de extorsiones. Entre bambalinas y presentaciones de reconocidas orquestas nacionales, funcionaba un aparato financiero que movilizó más de 25 millones de soles durante seis años.
La División contra el Crimen Organizado (DIVINCO) y la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) identificaron centenares de transacciones que, aparentemente aisladas, conformaban un esquema delictivo. Depósitos fraccionados, movimientos entre compañías vinculadas y adquisición de activos construyeron paulatinamente una organización que empleó el espectáculo como pantalla. El ataque contra la agrupación Agua Marina en octubre resultó ser la clave que expuso la dimensión del entramado.
Documentos oficiales citados por Punto Final revelan que entre abril de 2018 y julio de 2024, Lucano manejó 1.7 millones de soles y 357 mil dólares desde cuentas a su nombre. Sin embargo, esto representaba apenas una fracción del sistema. Entre agosto de 2018 y abril de 2023 realizó 94 depósitos en efectivo totalizando 2 millones 96 mil soles y 70 mil dólares, sumados a transacciones adicionales por 2.4 millones de soles y 158 mil dólares, mayormente ejecutadas presencialmente.
Las autoridades determinaron que estos recursos fluían posteriormente hacia dos empresas de su propiedad: Adán Smith Inversiones y Negocios E.I.R.L. y Serlimax S.A.C. Ambas compañías registraban movimientos continuos de efectivo sin respaldo comercial verificable. Cuando la entidad bancaria solicitó explicaciones sobre el origen de los fondos, el cabecilla argumentó que procedían de comercialización de cervezas, aunque las cifras excedían ampliamente la capacidad de un negocio minorista convencional.
El modus operandi seguía un patrón definido: los montos obtenidos mediante extorsión o cobro de cupos ingresaban fraccionadamente a cuentas personales del líder y su entorno cercano. Posteriormente, estos recursos se transferían a sociedades controladas por la organización, que se presentaban como productoras o proveedoras de eventos.
En esta red figuraban Inversiones y Negocios E.I.R.L., responsable de distribución de bebidas; Serlimax S.A.C., que concentraba la comercialización de cerveza y licores; SK&J Servicios Generales, especializada en arriendo de sanitarios portátiles; Texicom SG S.A.C., que suscribía convenios con gobiernos locales; y A&S Producciones, vinculada a la producción de espectáculos. Mediante este mecanismo, los ingresos ilícitos se integraban al sistema financiero simulando ganancias por eventos o servicios logísticos.
Una vez legitimados, parte de los recursos se destinaba a adquirir propiedades inmobiliarias, unidades vehiculares y equipamiento, consolidando así un patrimonio formal. Estimaciones de la DIVINCO señalan que entre efectivo incautado y bienes identificados se superan los 25 millones de soles, cifra que dimensiona la envergadura del negocio criminal camuflado en la industria del entretenimiento.
Glen Montes Malaber, administrador de la productora Yasmil, aparece en las investigaciones como uno de los intermediarios que facilitaba el vínculo entre El Jorobado y las agrupaciones musicales. Montes coordinó presentaciones de Agua Marina, Chechito y los Cómplices de la Cumbia, entre otros conjuntos populares, tramitando autorizaciones y acuerdos para eventos en Comas, Carabayllo y Ancón.
Según la DIVINCO, a través de Montes la organización obtenía réditos económicos forzando a las bandas a actuar sin remuneración en los espectáculos organizados por sus empresas. De esta manera, los ingresos por boletaje, expendio de bebidas y servicios complementarios permanecían completamente bajo control del grupo de Lucano. Cuando las orquestas se presentaban fuera de Lima Norte, se les exigía el pago de una cuota por función, respaldada por intimidaciones o represalias.
Paralelamente, la estructura registró una organización no gubernamental denominada Asociación Peruano Ayuda a Peruano, donde constaban como directivos Lucano Cotrina y Glen Montes. La entidad, según las indagaciones, habría sido empleada para encubrir movimientos financieros y eludir obligaciones tributarias, simulando donaciones y contribuciones sociales ficticias.
La pugna por el control de los espectáculos desencadenó un conflicto interno entre facciones rivales. Una de ellas, comandada por Erick Moreno Hernández, conocido como El Monstruo, amenazó a promotores y artistas relacionados con el círculo del Jorobado. Los mensajes intimidatorios advertían que «la era del Jorobado concluyó» y prohibían colaborar con su productora. Desde el establecimiento penitenciario de Ancón, Lucano Cotrina ordenó la eliminación de algunos de sus antiguos asociados, incluyendo a Alan Otárola (Loco Alan) y Jair Pérez Lucano (Gasparín), confirmando que el poder criminal continuaba activo incluso tras las rejas.
El examen de comunicaciones, transacciones y desplazamientos permitió reconstruir la estructura completa de la organización. Los investigadores comprobaron que el cabecilla mantenía comunicación constante con sus operadores financieros, cada uno controlando una fase del circuito: recaudación, depósito, transferencia y legitimación.
Tras la captura de los principales involucrados, el Ministerio Público incorporó a Lucano Cotrina en un nuevo expediente por organización criminal y lavado de activos, además del delito precedente de posesión ilegal de armamento. El material probatorio incluye registros bancarios, convenios con municipalidades, documentos de constitución empresarial y testimonios que corroboran cómo el dinero ilícito se disimulaba entre luces, melodías y multitudes.