19/06/26.-
La violencia volvió a irrumpir en los espacios deportivos del Callao. Un entrenador de fútbol fue atacado a balazos mientras dirigía una práctica para menores en una cancha ubicada en la avenida Los Álamos 1, en el asentamiento humano José Boterín, dejando en evidencia la creciente inseguridad que afecta incluso a actividades destinadas a niños y adolescentes.
De acuerdo con las primeras investigaciones, un individuo que llevaba el rostro cubierto con una mascarilla ingresó al recinto deportivo y se dirigió directamente hacia el entrenador Carlos Gamarra Manco, de 42 años. Sin intercambiar palabras, el sujeto abrió fuego a corta distancia y realizó al menos cinco disparos contra la víctima.
El atentado se produjo en presencia de decenas de menores y familiares que asistían al entrenamiento. La repentina balacera desató escenas de terror entre los asistentes, quienes corrieron para ponerse a salvo mientras los disparos alteraban una jornada deportiva que terminó convertida en una escena de violencia.
El entrenador recibió tres impactos de bala en distintas partes del cuerpo y fue trasladado de emergencia al Hospital Daniel Alcides Carrión del Callao. Según el personal médico, su estado de salud es delicado y permanece bajo observación con pronóstico reservado.
Agentes de la Policía Nacional iniciaron las diligencias correspondientes para identificar al responsable del ataque. Entre las principales hipótesis se encuentra un posible caso de extorsión, modalidad delictiva que en los últimos años se ha expandido hacia diversos sectores, incluidos los negocios y actividades deportivas.
El caso recuerda el asesinato del entrenador Carlos Enrique Neciosup, de 60 años, quien fue atacado por sicarios en marzo de este año mientras se encontraba en una vía pública del Callao. Ambos hechos reflejan un preocupante patrón de violencia que involucra a personas vinculadas al deporte.
El atentado contra un entrenador en plena práctica infantil revela la pérdida de control de la seguridad en determinados sectores del Callao. La presencia de menores durante el ataque agrava la gravedad del hecho y evidencia que la delincuencia ya no establece límites respecto a los lugares ni a las víctimas potenciales.
Las sospechas de extorsión ponen nuevamente en debate la capacidad del Estado para enfrentar las organizaciones criminales que operan en la región. Los espacios deportivos, tradicionalmente considerados zonas de formación y protección para niños y jóvenes, comienzan a convertirse en escenarios vulnerables ante la violencia.
La repetición de ataques contra entrenadores de fútbol genera preocupación entre padres de familia y comunidades deportivas, que exigen mayor presencia policial y medidas efectivas para evitar que el deporte infantil continúe siendo afectado por la criminalidad.