CALLAO: CUANDO EL ESTADO ORDENA LÍMITES, PERO NO DEFIENDE EL MAR

Por: ing. Miguel Cordano Rodríguez Pres del Colegio de Valuadores del Perú
Territorio, poder y soberanía en la era del Hub Pacífico Callao–Chancay
En el año 2025, el Estado peruano ha decidido, con carácter de urgencia, sanear los límites territoriales entre Lima Metropolitana y la Provincia Constitucional del Callao. La iniciativa, impulsada desde la Presidencia del Consejo de Ministros, forma parte del proceso nacional de Catastro Multipropósito y de la reorganización administrativa del territorio. Desde una lectura técnica, es una acción correcta. Desde una lectura política, es insuficiente. Y desde una lectura estratégica, revela una verdad incómoda: el Perú sigue ordenando el mapa cuando debería estar defendiendo el poder que nace del mar.
Porque el verdadero valor territorial del Callao no está en su frontera con Lima. Está en su frontera con el Pacífico.
Durante más de cien años, el Callao ha sido la principal puerta de entrada y salida del país. Por su puerto ha pasado la historia económica del Perú: exportaciones mineras, agroindustriales, pesqueras, energéticas; importaciones de tecnología, alimentos, insumos, capital. Sin embargo, a pesar de ser el nodo logístico más importante de la nación, el Callao nunca ha sido tratado como una región estratégica de poder marítimo, sino como una simple infraestructura al servicio del centralismo limeño.
Hoy, mientras el mundo redefine sus rutas comerciales, su seguridad energética y sus cadenas de suministro en el Indo–Pacífico, el Perú discute todavía dónde termina una avenida y dónde empieza otra jurisdicción municipal.
Eso, en sí mismo, debería alarmarnos.
Ordenar territorio no es gobernar territorio
El saneamiento de límites entre Lima y Callao responde a una lógica administrativa: definir competencias, ordenar catastro, facilitar expropiaciones, ejecutar obras viales, evitar conflictos entre municipalidades y gobiernos regionales. Es la lógica del Estado que gestiona, pero no necesariamente del Estado que piensa estratégicamente.
Gobernar territorio no es solo trazar líneas. Es ejercer poder sobre los activos que generan valor, influencia y soberanía. Y esos activos, en el caso del Callao, son marítimos: el puerto, el litoral, las islas, las rutas oceánicas, los accesos al Pacífico Sur, la proyección hacia Asia, la articulación con el nuevo hub de Chancay.
En ese tablero geopolítico, la Isla San Lorenzo es probablemente el activo territorial más subvaluado del Perú. No solo por su posición frente al principal puerto del país, sino por su potencial como plataforma logística, naval, energética, tecnológica y de seguridad.
Controlar San Lorenzo es controlar el acceso al sistema portuario del Callao. Es tener capacidad de expansión portuaria de aguas profundas. Es contar con una base natural para defensa, para cables submarinos, para data centers, para energía offshore, para investigación oceánica, para turismo estratégico. Es, en términos de poder, un portaaviones natural anclado frente a Lima.
Sin embargo, en la agenda política nacional, San Lorenzo casi no existe. No hay una doctrina marítima que la integre a un proyecto de desarrollo. No hay una visión de región-puerto que la incorpore como activo de soberanía. No hay una política de valorización territorial que la trate como lo que es: un espacio clave del siglo XXI.
El centralismo que administra, pero no negocia
¿Por qué ocurre esto? La respuesta es dura, pero clara: las decisiones sobre el Callao no se toman en el Callao. Se toman en Lima, bajo una lógica centralista que ve al puerto como infraestructura y no como sujeto político. Los gobiernos regionales y locales, en lugar de negociar desde una posición de poder territorial, se limitan muchas veces a ejecutar directivas, gestionar presupuestos, resolver urgencias, sin construir una agenda estratégica propia.
Así, el Callao administra, pero no gobierna su destino marítimo. Cumple, pero no impone. Ordena su ciudad, pero no lidera su océano.
Mientras tanto, el escenario internacional cambia a una velocidad inédita. China consolida su presencia en el Pacífico Sur con el puerto de Chancay, concebido como hub de gran escala para el comercio Asia–Sudamérica. Estados Unidos refuerza su estrategia de seguridad marítima en el Indo–Pacífico. Brasil busca corredores bioceánicos. Chile fortalece sus puertos del norte como plataformas logísticas regionales. Panamá defiende su canal como activo geopolítico global.
Y el Perú, teniendo el principal puerto natural del Pacífico Sur, sigue discutiendo linderos urbanos.
El sistema Callao–Chancay: una oportunidad histórica
El verdadero debate no debería ser dónde termina Lima y dónde empieza el Callao. Debería ser cómo se construye un sistema portuario integrado Callao–Chancay, capaz de competir a escala global, articular corredores logísticos, atraer industria de valor agregado, generar empleo de calidad y proyectar al país como potencia marítima regional.
Eso exige una visión de hinterland ampliado. Desde una lógica funcional, el espacio natural de influencia del Callao no se detiene en la Avenida Gambetta ni en el Óvalo 200 Millas. Se extiende hacia Santa Rosa, Ancón, Puente Piedra, Ventanilla, Mi Perú, y hacia el norte hasta Chancay. Es un continuo urbano–industrial–logístico que comparte costa, cuenca económica, flujos laborales, servicios, suelo para expansión y conexión directa con el mar.
Si el interés estratégico del Callao fuera realmente defendido, el debate territorial no sería solo administrativo, sino político: ¿cómo construir una macroregión portuaria del Pacífico Central? ¿Cómo articular planificación, inversión, seguridad y desarrollo bajo una autoridad de rango nacional, similar a la del Canal de Panamá o a las autoridades portuarias integradas de Rotterdam, Shanghái o Singapur?
Catastro sí, pero también poder
El Catastro Multipropósito es una herramienta fundamental para ordenar el suelo, formalizar la propiedad, mejorar la recaudación y planificar infraestructura. Pero un Estado moderno no se queda en el catastro de la tierra; avanza hacia el catastro del mar, de la costa, de las islas, de las plataformas continentales, de los activos estratégicos.
Valorar el territorio no es solo medir metros cuadrados. Es calcular flujos, nodos, rutas, ventajas comparativas, control de accesos, posición geopolítica. En ese sentido, el Callao necesita un mapa de valor estratégico, no solo un plano de límites administrativos.
Un mapa que identifique:
El valor económico del sistema portuario ampliado.
El valor geopolítico del dominio marítimo.
El valor logístico de los corredores hacia el interior.
El valor tecnológico de la conectividad submarina.
El valor ambiental de su litoral e islas.
El valor de seguridad de sus posiciones navales.
Gobernanza de Región-Puerto
La gran tarea pendiente es construir una verdadera doctrina de Región-Puerto del Pacífico para el Callao.
Eso implica:
Reconocer al Callao no solo como provincia constitucional, sino como activo estratégico nacional.
Crear una Autoridad Macroregional Marítima–Portuaria, con competencias en planificación, inversión, seguridad, ambiente y desarrollo logístico.
Integrar formalmente el sistema Callao–Chancay bajo una visión de hub complementario, no competitivo.
Desarrollar un programa de valorización estratégica de la Isla San Lorenzo.
Impulsar un Catastro Marítimo e Insular Multipropósito.
Formar liderazgo político y técnico con visión oceánica, no solo urbana.
Construir una narrativa nacional que entienda que el futuro del Perú se juega tanto en el Pacífico como en la sierra o la Amazonía.
Conclusión: del límite al horizonte
Ordenar los límites con Lima es necesario. Pero no es suficiente. Es el piso, no el techo. El Callao no puede seguir pensándose como una franja urbana colindante, sino como el corazón marítimo del Perú en el siglo XXI.
Un país que no protege ni potencia su puerta al océano es un país que renuncia a su proyección global.
Hoy, mientras el mundo disputa rutas, puertos, energía, datos y soberanía en el Pacífico, el Perú tiene en el Callao y en la Isla San Lorenzo una plataforma natural de poder que aún no ha decidido utilizar plenamente.
El desafío es claro: pasar de administrar fronteras a gobernar horizontes. De ordenar mapas a construir poder. De cumplir órdenes a defender intereses estratégicos.
Ese es el llamado a una nueva generación de liderazgo chalaco: pensar el Callao no como periferia de Lima, sino como Región-Puerto del Pacífico, eje de desarrollo, soberanía y futuro para todo el Perú.