26/05/26.-
El exaspirante presidencial Jorge Nieto defendió su postura a favor del voto viciado en una eventual segunda vuelta electoral y aseguró que las críticas recibidas por promover esa opción no afectan su posición política. En declaraciones brindadas a Exitosa, Nieto afirmó que los cuestionamientos en su contra reflejan frustraciones políticas más que un análisis de su trayectoria pública.
El exministro marcó distancia tanto de Keiko Fujimori como de Roberto Sánchez, a quienes calificó como amenazas para la democracia. En el caso de Fujimori, recordó su renuncia al Ministerio de Defensa durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski tras el indulto otorgado a Alberto Fujimori, decisión que consideró política y no humanitaria.
Respecto a Sánchez y sectores vinculados a la izquierda, Nieto cuestionó la cercanía de su entorno político con el etnocacerismo liderado por Antauro Humala y con personajes relacionados al MOVADEF, agrupación señalada por sus nexos ideológicos con Sendero Luminoso. Según indicó, estas alianzas generan preocupación por los mensajes radicales y confrontacionales que podrían influir en la política nacional.
Nieto también criticó duramente la dinámica electoral peruana, cuestionando a sectores de izquierda por respaldar constantemente el llamado “mal menor” y a la derecha por actuar desde el temor político cada cinco años. A su juicio, ambas posiciones han contribuido al deterioro del debate democrático y a la crisis de representación que atraviesa el país.
Las declaraciones evidencian el nivel de polarización que domina el escenario político peruano, donde figuras moderadas intentan abrir espacio entre bloques ideológicos enfrentados. Sin embargo, el llamado al voto viciado también refleja el desencanto de un sector del electorado que considera insuficientes las alternativas políticas presentadas en segunda vuelta.
El pronunciamiento de Jorge Nieto vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en la política peruana: la falta de consensos, la fragilidad de los partidos y la creciente desconfianza ciudadana hacia candidaturas percibidas como extremos opuestos. En un contexto marcado por la crisis institucional, el debate ya no gira únicamente sobre quién gana una elección, sino sobre qué tipo de democracia y gobernabilidad podría sostener el país en los próximos años.