08/07/26.-
La ola de extorsiones continúa expandiéndose sobre el sector transporte en Lima. En esta ocasión, un dirigente de la asociación de mototaxistas «Los Ángeles del Pacífico», en Chorrillos, perdió su principal herramienta de trabajo luego de que delincuentes incendiaran su mototaxi durante la madrugada. El atentado, que también afectó el puesto de comida rápida de su esposa, evidencia el creciente nivel de violencia con el que operan las organizaciones criminales.
El transportista denunció que desde hace aproximadamente un año y medio viene siendo víctima de amenazas y cobros ilegales por parte de bandas dedicadas a la extorsión. Según explicó, los delincuentes exigen pagos diarios de S/5 por cada mototaxi en circulación, además de depósitos periódicos que, en conjunto, ascienden a S/4.000 mensuales para permitirles continuar trabajando.
La víctima aseguró que este no es un hecho aislado. Recordó que meses atrás sujetos armados dispararon contra la fachada de su vivienda, dejando en evidencia que las amenazas han escalado hasta convertirse en ataques directos contra su patrimonio y su familia.
El dirigente señaló que al menos tres organizaciones criminales estarían operando en la zona. Entre ellas mencionó a un grupo vinculado a «Los Negritos del Tren de Aragua», además de otras bandas conformadas por ciudadanos peruanos y extranjeros que, según afirma, mantienen bajo constante intimidación a los transportistas de Chorrillos.
El temor ha obligado al dirigente a suspender sus actividades, preocupado por la seguridad de su esposa, su hija y su padre, quien afronta secuelas de un accidente cerebrovascular. Aunque las denuncias ya fueron presentadas ante la Policía, sostiene que hasta el momento no cuenta con garantías suficientes para proteger a su familia ni a los integrantes de su asociación.
El caso vuelve a poner en evidencia el impacto de la extorsión sobre los pequeños transportistas, quienes además de enfrentar pérdidas económicas deben convivir con amenazas permanentes y ataques cada vez más violentos.
Este nuevo atentado confirma que la extorsión ha dejado de ser un problema aislado para convertirse en una de las principales amenazas contra el transporte informal y formal en Lima. La capacidad de las organizaciones criminales para imponer cobros sistemáticos y recurrir a incendios o ataques armados demuestra una preocupante sensación de impunidad. La respuesta del Estado continúa siendo insuficiente frente a un fenómeno que no solo destruye fuentes de ingreso, sino que también obliga a familias enteras a vivir bajo amenazas constantes. Sin acciones de inteligencia más efectivas y una protección real para las víctimas, la expansión de estas redes criminales seguirá debilitando la seguridad ciudadana y la actividad económica en diversos distritos de la capital.