30/06/26.-
La inseguridad volvió a exhibir su rostro más violento en el Callao. La noche del sábado 28 de junio estuvo marcada por una cadena de ataques armados que dejó dos personas fallecidas, al menos seis heridos y sembró el terror tanto en el asentamiento humano Sarita Colonia como en el hospital Daniel Alcides Carrión, evidenciando la creciente capacidad de acción de organizaciones criminales en el primer puerto.
El episodio más sangriento se registró en el sector de Tiwinza, en Sarita Colonia, donde dos hombres armados irrumpieron en una vivienda mientras se realizaba una reunión familiar. Sin mediar palabra, los atacantes dispararon contra los asistentes, generando escenas de desesperación entre los presentes y los vecinos, quienes solicitaron el auxilio de las autoridades.
Tras la balacera, seis personas fueron evacuadas de emergencia al hospital Daniel Alcides Carrión. No obstante, dos de ellas fallecieron antes de recibir atención médica. Las víctimas fueron identificadas como Torrejón Mori, de 18 años, y Diego Jesús Cleve, de 35 años. Los demás heridos permanecen hospitalizados bajo estricta vigilancia debido a la gravedad de las lesiones ocasionadas por los impactos de bala.
La violencia no terminó con el traslado de los heridos. Minutos después, el hospital Daniel Alcides Carrión se convirtió en un nuevo escenario de tensión luego de que familiares de las víctimas alertaran sobre la presencia de dos sujetos encapuchados, a quienes señalaron como presuntos responsables del ataque inicial. La situación provocó momentos de caos en el área de Emergencias.
Ante el riesgo de un nuevo enfrentamiento, efectivos de la Policía Nacional del Perú realizaron disparos disuasivos al aire para controlar la situación y garantizar la seguridad dentro del establecimiento de salud. Aunque el incidente no dejó nuevos heridos, incrementó la preocupación entre pacientes, médicos y familiares, quienes vivieron minutos de incertidumbre en un lugar destinado a salvar vidas.
Mientras tanto, agentes de la Policía Nacional y miembros de las Fuerzas Armadas cercaron la zona donde ocurrió el atentado en Sarita Colonia para facilitar las diligencias de los peritos de criminalística y la recolección de evidencias que permitan esclarecer el crimen.
Las investigaciones quedaron bajo responsabilidad del Departamento de Investigación Criminal (Depincri) del Callao, cuyos agentes trabajan para identificar a los responsables y establecer el móvil del ataque. De manera preliminar, una de las principales hipótesis apunta a un presunto ajuste de cuentas relacionado con organizaciones criminales que operan en la jurisdicción.
La jornada violenta continuó con un segundo atentado registrado en el cruce de las avenidas Bocanegra y Dominicos, a la altura del paradero conocido como Grifo Denis. Dos mototaxistas fueron atacados a balazos mientras aguardaban pasajeros.
Según relataron testigos, un individuo llegó en motocicleta, abrió fuego contra los trabajadores y escapó rápidamente del lugar. Ambos conductores resultaron heridos tras recibir impactos de bala en las extremidades inferiores y fueron trasladados al hospital Negreiros, donde permanecen bajo atención médica.
Durante las primeras diligencias, la Policía encontró una carta con amenazas en la escena del crimen, un elemento que podría aportar información sobre el móvil del atentado. Sin embargo, allegados a las víctimas manifestaron desconocer si estas habían sido objeto de extorsiones o amenazas previas.
El ataque provocó que el paradero quedara desierto, ya que los demás mototaxistas optaron por retirarse por temor a convertirse en nuevas víctimas. Testigos lamentaron que, pese a la gravedad de los hechos, aún exista escasa información oficial sobre lo ocurrido y reclamaron mayores medidas de seguridad en la zona.
Las autoridades continúan investigando si ambos atentados registrados durante la misma noche guardan alguna conexión o si responden a hechos aislados. No obstante, la coincidencia temporal vuelve a poner sobre la mesa el preocupante avance de la criminalidad en el Callao, donde la violencia ya no solo alcanza las calles, sino también los centros de salud, evidenciando las limitaciones del Estado para contener el accionar de bandas armadas. La reiteración de este tipo de ataques incrementa la percepción de inseguridad entre la población y plantea serios cuestionamientos sobre la eficacia de las estrategias de prevención e inteligencia implementadas para enfrentar el crimen organizado.