CÁMARAS REGISTRARON LA BRUTAL MUERTE DE UN JOVEN DE 19 AÑOS EN SJM

26 noviembre 2025.- 

El brutal ataque que acabó con la vida de Abel Ayquipa Barriga, de 19 años, quedó registrado por cámaras de seguridad y se ha convertido en una pieza clave para la investigación policial. Según la información proporcionada por los agentes, el joven fue perseguido y agredido por un grupo de ocho personas, varias de las cuales aún no han sido ubicadas.

La madre del muchacho, devastada desde hace tres meses, afirma que su vida se detuvo desde aquel día. Entre lágrimas, exige que cada responsable enfrente a la justicia y asegura que la ausencia de su hijo menor se siente a diario.

De acuerdo con la Policía, el 3 de agosto una cámara captó el momento en que Abel intentó huir del grupo de agresores. Las imágenes muestran que tropezó mientras corría, lo que permitió que lo rodearan y lo golpearan para arrebatarle su teléfono. La escena se torna aún más perturbadora cuando se observa a uno de los implicados levantar una piedra y usarla como arma, mientras otro grababa la agresión con su celular.

El cuerpo del joven quedó tendido junto a la piedra utilizada como herramienta de ataque. La necropsia confirmó que las múltiples contusiones le fracturaron el cráneo y provocaron una hemorragia fatal.

El Departamento de Investigación Criminal de San Juan de Miraflores informó que, gracias al análisis de videovigilancia, identificó a varios sospechosos. El primero en ser detenido fue Kenyi Flores Yupanqui, presuntamente quien empleó la piedra. Además, un testigo protegido señaló a Flores y a otro implicado, Carlos Quijano Atencio, quien aparece golpeando a la víctima y continúa prófugo. Ambos estarían relacionados con un grupo conocido como La Banda de San Juan, según evidencias recopiladas en redes sociales.

Abel trabajaba en construcción mientras estudiaba para convertirse en barbero, su gran sueño. Según su madre, era disciplinado, se levantaba antes del amanecer y practicaba cortes de cabello en sus familiares. Sus herramientas, adquiridas con esfuerzo, permanecen guardadas como dolorosos recordatorios.

La mujer recuerda a Abel como el menor y más querido de la familia, un joven que prometía estar siempre a su lado. Hoy, esa promesa se ha transformado en la razón de su lucha por justicia. Aun con miedo a represalias, insiste en que no descansará hasta que nadie quede impune.

El caso de Abel Ayquipa evidencia fallas profundas en la seguridad ciudadana y en la capacidad del Estado para prevenir crímenes violentos. La existencia de bandas locales que actúan con brutalidad y relativa libertad revela un problema más amplio: territorios donde la ley parece ceder terreno ante la delincuencia.

El hecho de que uno de los agresores grabara la golpiza refleja una preocupante deshumanización, casi una normalización de la violencia como espectáculo. El retraso en la captura de los implicados muestra además la necesidad de fortalecer los sistemas de investigación y la capacidad operativa de la Policía.

La demanda de justicia de la madre de Abel no es solo un clamor personal, sino un eco de miles de familias peruanas que esperan que la muerte de sus seres queridos no quede archivada en la impunidad. Su valentía, pese al miedo, subraya el vacío institucional que obliga a las víctimas a convertirse en defensoras de sus propios casos.

Este crimen debería ser una llamada urgente para revisar estrategias de prevención, reforzar la vigilancia y garantizar que la justicia no siga llegando tarde —ni nunca—.