JNE ENTREGÓ CREDENCIALES A KEIKO FUJIMORI

15/07/26.*

La entrega de credenciales por parte del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) marcó este miércoles 15 de julio el cierre formal del proceso electoral de 2026 y confirmó el inicio de una nueva etapa política en el país. En una ceremonia realizada en el Gran Teatro Nacional, en San Borja, la autoridad electoral oficializó la proclamación de Keiko Fujimori como presidenta de la República para el periodo 2026-2031, junto a Luis Galarreta y Miguel Torres, quienes asumirán la primera y segunda vicepresidencia, respectivamente.

Durante el acto protocolar, el presidente del JNE recordó que las credenciales representan mucho más que un documento administrativo: constituyen la expresión del mandato conferido por la ciudadanía mediante las urnas. En ese contexto, exhortó a las nuevas autoridades a fortalecer la institucionalidad democrática, respetar el Estado de derecho y ejercer un gobierno abierto al diálogo con todos los sectores del país. El mensaje buscó remarcar que la legitimidad electoral debe traducirse en una gestión responsable y respetuosa de las normas democráticas.

Tras recibir la credencial presidencial, Keiko Fujimori centró su intervención en la necesidad de recuperar la confianza ciudadana en las instituciones públicas. La mandataria electa anunció que su administración implementará un sistema de gestión basado en metas concretas para cada ministerio, con indicadores que permitan a la población evaluar el desempeño de cada sector. Según afirmó, la rendición de cuentas será uno de los pilares de su gobierno, bajo el argumento de que la administración pública debe responder permanentemente a los ciudadanos.

Asimismo, aseguró que su gestión buscará consolidar el crecimiento económico sin alterar aquellas políticas que, a su juicio, han generado estabilidad. No obstante, sostuvo que el principal desafío será lograr que los beneficios del desarrollo lleguen a las regiones y sectores históricamente excluidos, una promesa recurrente en la política peruana que distintos gobiernos han formulado sin alcanzar resultados sostenibles.

En materia de gobernabilidad, Fujimori anunció que su gabinete estará conformado por profesionales con experiencia técnica y capacidad de gestión, independientemente de su afiliación política. Con ello, intentó transmitir una imagen de apertura y meritocracia en la conformación del Ejecutivo, aunque el verdadero alcance de esa promesa dependerá de los nombramientos que oficialice en las próximas semanas.

La seguridad ciudadana ocupó también un lugar central en su discurso. La presidenta electa sostuvo que combatir la delincuencia será una prioridad para generar condiciones que favorezcan la inversión, el empleo y el crecimiento económico. Según indicó, su objetivo es construir un país donde la población pueda vivir sin temor y donde el progreso deje de beneficiar únicamente a determinados sectores.

En el tramo final de su intervención, Fujimori agradeció el respaldo de su familia durante el proceso electoral y asumió el compromiso de rendir cuentas al término de su mandato, una declaración que apunta a reforzar el discurso de transparencia y responsabilidad política.

Cabe recordar que el pasado 3 de junio el presidente del JNE, Roberto Burneo Bermejo, proclamó oficialmente a Keiko Fujimori, Luis Galarreta y Miguel Torres como ganadores de las Elecciones Generales 2026. De acuerdo con el acta de proclamación, la fórmula presidencial de Fuerza Popular obtuvo 9 223 396 votos, superando por un estrecho margen a Juntos por el Perú, que alcanzó 9 173 755 sufragios.

Con la entrega de credenciales concluye el procedimiento electoral y comienza la etapa de transición hacia el nuevo gobierno. Sin embargo, el verdadero desafío recién empieza. Las promesas de eficiencia, transparencia, seguridad y crecimiento deberán enfrentarse a un escenario marcado por la polarización política, la desconfianza ciudadana hacia las instituciones y las elevadas expectativas de una población que exige resultados inmediatos. La legitimidad otorgada por las urnas representa un punto de partida, pero será la capacidad de traducir los compromisos en políticas públicas efectivas la que determinará el éxito o fracaso de la próxima administración.