10/01/26.-
En lo alto de los cerros de Carabayllo, más allá del kilómetro 30 de la avenida Túpac Amaru, la Institución Educativa Río Seco funciona en condiciones precarias, sin acceso a agua potable ni a un sistema de saneamiento por red pública. Para atender a sus 260 estudiantes de primaria y secundaria, el colegio depende del abastecimiento de agua mediante cisternas dos veces por semana y de un pozo séptico que requiere limpieza constante, una situación que evidencia las carencias básicas que enfrentan cientos de escuelas en el país.
El director del plantel, Jorge Negrete, explicó que la falta de servicios obliga a una organización diferenciada de los recreos para evitar la saturación de los pocos baños disponibles. Este escenario, lejos de ser excepcional, refleja una problemática de alcance nacional. De acuerdo con cifras del Ministerio de Educación, menos de la mitad de las instituciones educativas del Perú cuenta con agua potable por red pública y solo el 41,9% dispone de desagüe, lo que expone a miles de estudiantes a condiciones insalubres.
Especialistas advierten que la ausencia de agua y saneamiento afecta directamente la salud y el rendimiento escolar. Fánel Guevara, de Red Agua Segura, señaló que cerca del 70% de colegios presenta dificultades para acceder a estos servicios, mientras que Gisela Murrugarra, de Water For People Perú, alertó que esta situación impacta de manera desproporcionada en las niñas, especialmente durante su periodo menstrual, generando ausentismo y, en muchos casos, deserción escolar.
El problema se agrava en las zonas rurales, donde solo una minoría de escuelas accede a agua y desagüe por red pública, pese a concentrar la mayor cantidad de instituciones educativas del país. Además, casi una quinta parte de los colegios depende de fuentes naturales como ríos o acequias, y miles utilizan pozos sin tratamiento para la eliminación de desechos.
A ello se suma una profunda brecha de infraestructura educativa. Informes oficiales revelan que más del 80% de los locales escolares presenta condiciones inadecuadas, pese a millonarias inversiones que, según los propios datos del Estado, no se han traducido en mejoras reales. Las regiones del Callao, Junín, Pasco, Lima, Loreto y Cajamarca figuran entre las más afectadas.
La falta de agua potable y saneamiento en los colegios peruanos expone una falla estructural en la gestión pública y en la priorización de la educación como política de Estado. Mientras se privilegia la construcción visible de aulas, se descuida lo esencial para una formación digna: condiciones básicas de salubridad. Esta precariedad no solo vulnera derechos fundamentales, sino que profundiza brechas de género y desigualdad territorial. Sin una supervisión efectiva, coordinación interinstitucional y control del uso de recursos, la crisis seguirá afectando a generaciones de estudiantes, convirtiendo la educación en un espacio de riesgo antes que de desarrollo.