11/02/26.-
Un nuevo hecho de violencia sacudió la zona comercial de Gamarra en la madrugada del miércoles 11 de febrero, cuando un hombre identificado como Álvaro Mauricio Alatrista Chávez, de 33 años, fue asesinado a balazos en las inmediaciones de la estación Gamarra de la Línea 1 del Metro de Lima, en el distrito de La Victoria. El ataque, ejecutado por dos sujetos a bordo de una motocicleta, dejó además a un comerciante herido por una bala perdida, confirmando una vez más el nivel de inseguridad que golpea a este emporio comercial.
El crimen se registró alrededor de las 5:40 a. m. en la avenida Aviación. Imágenes de videovigilancia muestran a la víctima salir del emporio y dirigirse a la vía pública, cuando fue interceptado por uno de los atacantes, quien le disparó a corta distancia antes de huir junto a su cómplice. La Policía y peritos de criminalística llegaron al lugar para iniciar las diligencias, mientras no se descarta que el móvil sea un ajuste de cuentas.
Como daño colateral del ataque, Hernán Rebelino Matamoros Crispín, vendedor ambulante de desayunos, resultó herido en el hombro derecho. Fue trasladado al Hospital Dos de Mayo, donde permanece estable y a la espera de una intervención quirúrgica. Su pareja exigió mayor presencia policial en una zona donde, según denunció, los robos y actos violentos se han vuelto cotidianos.
Las primeras indagaciones señalan que Alatrista se dedicaba a la venta ambulatoria de audífonos y contaba con antecedentes penales por robo, además de presuntos vínculos con organizaciones delictivas que operaron años atrás en distintos distritos de Lima. Este perfil refuerza la hipótesis de un crimen ligado a disputas criminales, aunque las autoridades aún no lo confirman.
Tras el atentado, el Metro de Lima dispuso el cierre temporal de uno de los accesos a la estación Gamarra, medida que fue levantada horas después, mientras el servicio ferroviario continuó con normalidad. Sin embargo, el hecho se suma a una balacera ocurrida días antes en la misma zona, evidenciando que la violencia armada no es un episodio aislado, sino parte de un patrón recurrente.
Dirigentes del emporio comercial denunciaron que la extorsión y el cobro de cupos a comerciantes ambulantes es una práctica extendida, y reclamaron el incumplimiento de las restricciones al uso de motocicletas con dos ocupantes, modalidad comúnmente asociada al sicariato. También exigieron ampliar los turnos y la presencia de efectivos policiales durante las 24 horas.
El asesinato vuelve a poner en el centro del debate la fragilidad de las estrategias de seguridad en zonas altamente transitadas y comerciales. La reiteración de ataques armados, pese a la presencia de cámaras y patrullaje, evidencia fallas estructurales en la prevención del delito y en la respuesta del Estado frente a redes criminales que operan con total impunidad. Mientras las autoridades prometen refuerzos y patrullaje, la población de Gamarra continúa expuesta a una violencia que ya no distingue horarios ni víctimas.

