Escribe: JULIA SCHABAUER
Callao, 21 de junio 2026.- Quienes observamos el devenir de las previas a las elecciones Regionales y Municipales de octubre 2026, estamos, o por lo menos yo lo estoy, anonadada por el poco peso que tienen las ideologías al decidir participar en una determinada organización. Los invitados o designados se han convertido en los grandes aventajados a poder negociar su candidatura con el mejor postor. Sin embargo, en política, nadie sabe para quien trabaja. Hoy estás en un partido y mañana te despachan sin el menor remordimiento si el presidente del partido obtiene un mejor postor como candidato o si hubo «negociación» de por medio. El poder del dinero puede poner o retirar candidatos…así estamos.
Cuando decidí candidatear en las ligas mayores, lo primero que hice fue investigar los principios ideológicos de los partidos que consideré afines a mis ideas. Así, me afilié a Avanza País y aunque hubo aspectos positivos dentro del partido, también pude observar importantes deficiencias por mejorar las cuales, estoy segura que se repiten en muchas organizaciones. Esto es preocupante porque si no se puede manejar un partido, cómo se pretende dirigir in país.
Pero hay un problema mayor en los procesos electorales y es el alto número de organizaciones políticas participantes participantes. La excesiva fragmentación partidaria debilita la democracia al generar ingobernabilidad, fomentar la dispersión de los recursos públicos y dificultar la representación ciudadana. Cuando existen demasiados partidos se producen graves problemas estructurales que afectan la estabilidad del país.
Cuando ningún partido logra una mayoría absoluta en el congreso, se forman coaliciones frágiles que frenan las reformas necesarias. Por otro lado, demasiados candidatos confunden al electorado y a menudo, los presidentes y congresistas son elegidos con porcentajes muy bajos careciendo así de un respaldo popular sólido.
Por otro lado, el financiamiento estatal de los partidos resulta con un alto costo ,en realidad para los contribuyentes.
Desde el punto de vista ideológico, el alto número de partidos no se justifica. Muchos de ellos tienen doctrinas bastante similares y sus diferencias resultan ser poco significativas. En realidad, muchos de ellos, más que organizaciones políticas resultan ser «vientres de alquiler» en tiempos electorales. Es además, un buen negocio hacer un partido político: se recibe financiamiento del Estado y los aportes de los precandidatos para su inscripción además de los que financian las campañas. Aunque el partido no gane, el presidente y los dirigentes del partido se «ganan alguito», suficiente hasta el siguiente proceso electoral. No es tampoco un tema complicado formar un partido político: se trata de conseguir financistas y colaboradores para conseguir las firmas. La valla es relativamente baja. Estos «vientres de alquiler» existen bajo la figura de un caudillo. Como vemos, no hemos cambiado mucho desde los primeros años de la república. La ideología, poco importa.
Finalmente, a esta problemática se añaden los «camaleones » de la política. Aquellos, que compartiendo, más mañas que otra cosa, se agrupan y rotan de partido en partido. Claro ejemplo, los herederos de Chimpun, en el Callao.
Así las cosas, muchos partidos y alianzas suelen desaparecer tras cada elección, como lo hemos visto en las recientes elecciones generales. ¿ Quién tiene la culpa de todo esto ?…pues nada menos que el Congreso de la República… el JNE sólo aplica la ley.
Respecto al Congreso, también es importante señalar que de 20 % de candidatos designados (invitados) se aumentó a 30 % en cada lista. Estos designados o «a dedo» , en mi parecer, debilitan la democracia al eliminar el voto popular directo y libre competencia, lo cual genera una desconexión entre los gobernantes y los ciudadanos. Esto reduce la legitimidad, fomenta el clientelismo y centraliza el poder limitando así la rendición de cuentas.
O sea, los designados terminaron siendo los grandes aventajados al poder reservase hasta el final la opción de formar parte de una lista con el beneficio de poder visualizar mejor los partidos con mayores opciones de ganar.
Gran tarea para los nuevos diputados: urge una reforma política y electoral que fortalezca la democracia y mejore la participación política de los ciudadanos.