20/07/26.-
Un fuerte sismo registrado en la región Junín dejó un saldo de seis personas fallecidas, más de 300 familias damnificadas y 48 viviendas de construcción rústica completamente destruidas, principalmente en el anexo de Pumpunya, donde el impacto del movimiento telúrico fue devastador.
Según el reporte de las autoridades, cinco de las víctimas perdieron la vida en Pumpunya, mientras que el sexto fallecimiento se registró en el distrito de Huacrapuquio. En cuestión de segundos, decenas de viviendas de adobe y quincha colapsaron, dejando a numerosas familias sin hogar y con la pérdida total de sus pertenencias. Los equipos de emergencia continúan evaluando los daños y removiendo escombros en una zona donde el panorama refleja la magnitud de la tragedia.
Entre las historias de supervivencia destaca la de Feliciana, quien logró rescatar a su madre de 90 años luego de que su vivienda se desplomara. Aunque ambas sobrevivieron, el inmueble quedó inhabitable y con severos daños estructurales.
Tras el desastre, el presidente del Consejo de Ministros, el ministro de Defensa y el jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci) llegaron a la zona para supervisar las labores de atención y coordinar el registro de los damnificados, con el objetivo de acelerar la entrega de ayuda humanitaria. Mientras tanto, cientos de familias permanecen a la intemperie a la espera de carpas, alimentos, frazadas y otros recursos esenciales para afrontar las bajas temperaturas de la sierra central.
Las autoridades también instalaron un puesto de atención médica temporal para atender a los sobrevivientes y priorizar a los sectores más vulnerables. Paralelamente, continúan las coordinaciones para garantizar el traslado de ayuda y mantener habilitadas las vías de acceso hacia las comunidades afectadas.
La tragedia ocurrida en Junín vuelve a evidenciar la alta vulnerabilidad de numerosas poblaciones rurales frente a los desastres naturales. La predominancia de viviendas construidas con materiales tradicionales como adobe y quincha incrementa el riesgo de colapso durante movimientos sísmicos de gran intensidad. Si bien la respuesta inmediata del Estado resulta indispensable para atender la emergencia, el desafío de fondo es fortalecer las políticas de prevención, promover construcciones más seguras y mejorar la preparación comunitaria ante este tipo de eventos. La reconstrucción no solo debe enfocarse en reponer lo perdido, sino también en reducir la exposición de miles de familias a futuras tragedias.